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Equidad | Trata de personas | Aspectos legales | Salud reproductiva | Doble jornada | Violencia contra la mujer | Organizaciones especializadas | Dossier RN sobre Mujer

El conflicto armado en Colombia, que antes se sentía con mayor fuerza en el ámbito rural, se ha agudizado en las ciudades –donde vive el 70 por ciento de la población–, especialmente en los barrios marginales. Las y los ciudadanas/os padecen los efectos de un conflicto armado urbano en el que se cruzan diversas violencias y no sólo aquella del conflicto político. A este conflicto urbano aún no se le da su justa importancia en los análisis sobre el conflicto armado colombiano.

En las ciudades colombianas se presenta una agudización del conflicto armado urbano, por la fuerte presencia que tienen las ideologías y acciones del paramilitarismo y las guerrillas. Las bandas delincuenciales se han reorganizado, de acuerdo al control y presión que establezca el paramilitarismo o la guerrilla. Al parecer, hoy, el paramilitarismo se dispone a ganar la guerra en las ciudades con la ayuda de estas bandas. El entretejido que se ha ido construyendo entre bandas, paramilitarismo, guerrillas y milicias complejiza no sólo la reflexión sino la propia realidad. Hoy vemos cómo los barrios de la ciudad se transforman en campos de batallas y territorios vedados para sus propios habitantes, sumidos en el miedo y la impotencia del conflicto urbano.

Los actores armados de todos los bandos empiezan a controlar no sólo el territorio, sino la vida cotidiana, el afecto y hasta el cuerpo de las mujeres. Ellos se constituyen en la ley que lo regula todo, hasta las relaciones entre las personas. Veamos algunos ejemplos de esto y de cómo afecta la vida de las mujeres.

· Las mujeres viven esta guerra como drama personal, porque en muchas ocasiones sus hijos, hermanos o cualquier otro familiar están involucrados en alguno de estos grupos armados. Frente a esto, el sentimiento que se genera es de impotencia, de rabia, de miedo por no poder hacer nada por evitar esta situación. Al respecto, las mujeres desplazadas en Pavarandó expresaron: “…ninguna madre quiere el mal para sus hijos e hijas. Nosotras los tenemos y no sabemos para dónde se van; ellos son libres. Los paramilitares, la guerrilla, el ejército, han nacido de nosotras; ¡No queremos que nuestros hijos estén en ningún bando ni que sean asesinados y desaparecidos. Queremos a nuestros hijos vivos!” (3)

· Violación y acoso sexual. Mujeres de todas las edades han sido violadas por los distintos actores armados. Las mujeres se convierten en botín de guerra, en el premio para el actor más fuerte, o en un instrumento para castigar al contrincante (esto se hace evidente cuando se produce la violación física de mujeres como una forma de provocación o de cobro de cuentas a los enemigos).

· Prohibición de movilizarse con la amenaza de violación a quienes lo intenten.

· Prohibiciones en cuanto al modo de vestir. Por ejemplo, en algunos barrios de Medellín las mujeres se visten con lo que se les permite y no con lo que les gusta porque temen que les pase lo mismo que a dos jovencitas del pueblo El Santuario a las cuales recientemente los paramilitares les quemaron la cintura por usar piercing, ombligueras y pantalones descaderados. (4)

· Prohibición de recoger, velar y enterrar a los muertos. Quien lo hace, supuestamente, está del lado del contrario al actor que haya asesinado a los difuntos.

· Prohibiciones frente al amor, asesinato de mujeres por ser novias, amigas, amantes de policías y soldados, de guerrilleros, o de los grupos paramilitares. Asesinatos selectivos catalogándolas como auxiliadoras de uno u otro bando. Mujeres amenazadas de muerte por no acceder a propuestas amorosas. Por ejemplo, en el barrio El Corazón –en la ciudad de Medellín– mataron a 15 mujeres en octubre de 2001 por ser novias, esposas o familiares de integrantes de los grupos armados. Lo mismo ha sucedido en la ciudad de Barrancabermeja y en otras partes del país.

· Pago de “vacunas” o de impuestos a los grupos armados, pérdida de la vivienda, toma de las viviendas por parte de algún actor armado para convertirlo en centro de operaciones de su grupo armado.

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