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(Apartes de la Declaración de las Mujeres
Campesinas de 49 Comunidades Desplazadas en Pavarandó-Uraba,
Colombia. En 1997 se encontraban allí unas
6. 000 personas desplazados).
Colombia es la puerta de entrada a Surámerica,
posee hermosas costas y playas en el Océano
Atlántico y Pacífico, variedad de climas,
montañas y paisajes, muchos valles, caudalosos
ríos, variedad de recursos vegetales, animales
y minerales. Al sur, está la selva amazónica,
“pulmón del mundo”. Con 40 millones
de habitantes, nuestro país cuenta con diversas
regiones naturales y culturales, 23 culturas indígenas.
Una población llena de creatividad, de formas
organizativas, miles de proyectos de vida regados
por todo el territorio nacional. Sin embargo, nuestro
país está azotado por un conflicto armado
que se extiende ya por casi 50 años, por una
violencia que permea los territorios rurales y urbanos,
por una violencia que afecta la vida cotidiana, los
tejidos sociales, el cuerpo, la mente y el alma. Actualmente,
algunos políticos en nuestro país y
en el campo internacional, nos están vendiendo
la idea de que la guerra total es la opción
para cambiar de una vez esta historia de violencia
en Colombia.
Quiero plantear entonces aquí, no solamente
cuál es la situación de las mujeres
en medio de la guerra, sino también por qué
el movimiento de mujeres en Colombia no cree en la
guerra como opción, como un medio que justifica
los fines, no creemos en la violencia como partera
de una mejor historia para nuestro país, ni
en el mundo, y por qué muchas mujeres y hombres
en Colombia hemos optado por una posición ética
que plantea la no violencia, la tramitación
negociada de los conflictos, la lucha contra el armamentismo,
el militarismo y el autoritarismo.
En Colombia existe una crisis humanitaria compleja
que se refleja en la afectación de la población
civil y en los altos índices de desplazamiento
forzoso, como producto de la guerra. En los últimos
10 años más de 2.200.000 personas han
sido afectadas por un desplazamiento que tiene un
marcado rostro de mujer acompañada por sus
hijos e hijas; juntos representan el 70 por ciento
de la población afectada; el 51 por ciento
de los desplazados son madres cabeza de familia. Según
la representante del Alto Comisionado para los Refugiados
de las Naciones Unidas (ACNUR), “La situación
actual de desplazamiento por la violencia en Colombia
es una catástrofe humanitaria”. Colombia
ocupa uno de los primeros lugares en el mundo con
población desplazada, junto con Afganistán,
Sri Lanka, Sudán y Angola. (2)
Las personas son desplazadas por la fuerza de las
armas a las ciudades o cascos urbanos, viven en condiciones
precarias de supervivencia, en medio del desconocimiento
de sus derechos fundamentales, con la ausencia de
solidaridad de un Estado que las comunidades no sienten
como propio, y de una sociedad fragmentada, presionada
por la violencia y el miedo.
Otras expresiones de esta crisis humanitaria, además
del desplazamiento forzozo de población, es
que el 80 por ciento de los muertos, producto de la
guerra, son civil, asesinados en sus casas, en el
trabajo o en las calles. Contamos, además,
con un promedio de 3.000 personas secuestradas cada
año, y en las dos últimas décadas
4.500 personas desaparecidas. En cuanto a quiénes
cometen las violaciones de los derechos humanos, según
los organismos encargados, el 73 por ciento de las
violaciones de los derechos humanos es causado por
paramilitares, el 22 por ciento por los grupos guerrilleros
y el 5 por ciento por las fuerzas del Estado.
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