| Soñadora
aterrizada
Por circunstancias laborales del padre,
Doris nació en Chunchi, frío y alejado
cantón de la provincia de Chimborazo. Fue un
2 de marzo de 1958, o sea, bajo la influencia de Piscis.
"Tengo de ese signo lo de idealista, romántica
y soñadora, bastante, pero no ando tan el aire".
Cierto. Es una soñadora aterrizada
esta mujer menuda, de actitud amable y voz suave cuyas
entonaciones permiten reconocerla inmediatamente como
cuencana (dicen en Ecuador que la gente de Cuenca no
habla sino que canta, porque se crió con la música
de los cuatro ríos que la circundan o la atraviesan).
Pero la sensibilidad de Piscis la lleva también
por los caminos de la pintura y la escritura, a las
que ahora no les dedica mucho tiempo.
Desde sus dos años, ella ha
vivido en la ciudad de sus padres y otros ancestros.
Estudió primaria y secundaria en un colegio de
monjas y pertenece a la última promoción
de maestras de ese plantel. Luego, universidad y título
de socióloga, matrimonio de diez años
de duración, y maternidad: Maritza (19) y Luis
Andrés (18), ya estudiantes universitarios. |
| Papá
y mamá: de la izquierda al feminismo
El compromiso de Doris proviene, cómo
no, del ejemplo de papá y mamá: él,
médico, militante de un partido de izquierda
que lo llevó a ocupar también una concejalía;
ella, ama de casa, integrante del Frente Amplio de Mujeres,
uno de los primeros grupos de los 70. Vencía,
así, prejuicios y restricciones de la conservadora
sociedad cuencana de entonces.
"Ella, con nueve hijos, tuvo
las agallas de vincularse a eso cuando ser feminista
era considerado más grave que comunista".
Ahí está Doris, en un acto filial y cómplice
de reconocimiento a la influencia materna.
Pero la influencia de papá
se manifestó antes. A los 17 años, cuando
ella inició sus estudios en la Universidad Estatal
de Cuenca, inició también la militancia
en el Movimiento de Izquierda Universitario, y después
en el mismo partido del doctor Solís. Pero la
caída del muro de Berlín, hecho simbólico
que cerró la década de los 80, le movió
el piso.
Marcó entonces su nuevo derrotero:
el compromiso con los derechos de las mujeres. Otra
forma de luchar por la equidad social, su leitmotiv
de siempre. La influencia de mamá se volvía
protagonista ahora y se sumaba a las influencias de
otras mujeres que en Ecuador y América Latina
venían haciendo lo mismo, transgrediendo criterios
ancestrales y de una izquierda obtusa que consideraba
el feminismo como "una corriente burguesa que distraía
de la lucha clasista", en palabras de Doris.
"Yo creo que mi constante ha
sido la preocupación por el lugar que ocupamos
las mujeres. En mi experiencia política he tenido
esas dos militancias. En los primeros años, el
tema de la mujer estaba subsumido en la agenda de la
izquierda. Después, la crisis del socialismo
mundial a fines de los 80, la incapacidad de la izquierda
ecuatoriana para pensar con cabeza propia nuestros problemas,
me llevaron a dejar la militancia partidista."
Al ritmo de los cuestionamientos,
su profesión la lleva a realizar dos estudios
sobre la situación de las mujeres en el Austro
(región conformada por tres provincias de la
Sierra sur), que le ponen base a sus motivaciones. Su
relación con la Cooperación belga y el
proyecto de constituir una ONG, resulta en la creación
de Sendas, en 1990, "con una clara vinculación
a los movimientos de mujeres de Ecuador y el feminismo
latinoamericano". |