| PERSONAS
CON DISCAPACIDAD
Discapacidad,
perspectiva histórica y desigualdades imperantes
Luis Fernando Astorga Gatjens
(Miembro del Foro Permanente por los Derechos Humanos
de las Personas con Discapacidad en Costa Rica.)
I. Introducción
En los últimos años,
en Costa Rica, se han impulsado una serie de leyes orientadas
a equiparar las oportunidades de las personas con discapacidad.
La inaccesibilidad a múltiples servicios que debamos
enfrentar cotidianamente, han fundamentado la necesidad
de tal legislación.
Un entorno socio-cultural
caracterizado por la subestimación y la sobreprotección,
por la marginación, la discriminación y la exclusión.
Es el espacio todavía –a pesar de los avances legislativos--
prevaleciente en donde nos desenvolvemos las personas
con discapacidad.
Cambiar este estado
de cosas, donde la dependencia actual se convierta en
independencia; la inaccesibilidad física y arquitectónica,
y en los servicios, se trueque en accesibilidad general;
la desigualdad imperante en igualdad de oportunidades,
requiere de una progresiva y profunda transformación
de ese entorno socio-cultural. Eso no lo podrán cambiar
las leyes, por si solas, por buenas que sean. Una conjunción
de factores intervienen e intervendrán en ese cambio;
uno de los cuales, será inevitablemente, el rol de las
mismas personas con discapacidad. Si éste no es protagónico
en el cambio, éste será más lento y estará más lejano.
Ahora bien ésto que
se quiere cambiar, no se originó ni recientemente, ni
en un sólo escenario. Es fruto de un largo proceso histórico,
dónde han intervenido varias sociedades y culturas.
Este trabajo tiene como propósito, acercarnos a la visión
que ha predominado en torno a la discapacidad, desde
la antiguedad hasta nuestros días.
II. Algunos Conceptos
Necesarios
Para denominar a
las personas con discapacidad, comúnmente, se utilizan
una serie de palabras que, más allá de su imprecisión,
están cargadas de un pesado fardo de subjetividad subestimativa.
Con el propósito
de lograr una mayor claridad en este aspecto, a renglón
seguido, definiremos algunas de ellas, que son importantes
en función del desarrollo del presente trabajo.
La Organización Mundial
de la Salud (OMS) establece las siguientes definiciones
y distinciones entre deficiencia, discapacidad y minusvalía.
DEFICIENCIA
Se define como deficiencia
toda pérdida o anormalidad de una estructura o función
psicológica, fisiológica o anatómica.
DISCAPACIDAD
Se refiere a toda
restricción o ausencia (debido a una deficiencia) de
la capacidad de realizar una actividad en la forma o
dentro del margen que se considera normal para un ser
humano.
DESVENTAJA
Define la situación
que enfrenta una persona, como consecuencia de una deficiencia
o discapacidad, que limita o impide el desempeño de
un rol que es normal en su caso (en función de la edad,
sexo y factores sociales y culturales).
La desventaja está,
por consiguiente, en función de la relación entre las
personas con la discapacidad y su ambiente. Ocurre cuando
dichas personas se enfrentan a barreras culturales,
físicas y sociales, que les impiden el acceso a los
diversos sistemas de la sociedad que están a disposición
de los demás ciudadanos.
La desventaja (o
minusvalía como se denominó tradicionalmente), consecuentemente,
también se puede definir como la pérdida o la limitación
de oportunidades de participar en la vida de la comunidad
en igualdad con los demás.
Las personas con
discapacidad no forman un grupo homogéneo. Por ejemplo,
las personas con enfermedades o deficiencias mentales,
visuales, auditivas o del habla, las que tienen movilidad
restringuida o las llamadas "deficiencias médicas",
todas ellas se enfrentan a barreras diferentes, de índole
diferente y que han de superarse de maneras diferentes.
Equiparación de
Oportunidades
Se define equiparación
de oportunidades como el proceso mediante el cual el
sistema general de la sociedad –tal como el medio físico
y cultural, la vivienda y el transporte, los servicios
sociales y sanitarios, las oportunidades de educación
y trabajo, la vida cultural y social, incluídas las
instalaciones deportivas y de recreo--, se hace accesible
para todas las personas. Con el logro de la equiparación
real de oportunidades, la discapacidad no tiene necesariamente
que originar minusvalía.
III. Perspectiva Historica de
la Discapacidad
A lo largo de la
historia humana, la discapacidad, en sus diversas manifestaciones
ha sido objeto de discriminación. Como bien lo señala,
Ramón Puig de la Bellacasa "El problema de las personas
con deficiencias (etiquetados de "minusválidos", "impedidos",
"discapacitados" ahora y de "lisiados" o "inválidos"
antes) podría decirse que no ha sido la falta de integración,
sino precisamente el exceso de integración; puesto que
siempre tuvieron su sitio marcado, y cuando el individuo
e, incluso, los individuos o los grupos fueron consiguiendo
mayor grado de autonomía, de autodeterminación y de
movilidad social, ellos (es decir, las personas con
discapacidad), en general, siguieron conservando el
puesto asignado, la plaza permanente entre los atípicos
y los pobres, la doble marginación: orgánico-funcional
y social."
Tal marginación ha
sido una terca constante para las personas con discapacidad
desde la Antigüedad hasta nuestros días. La impronta
de la doble marginación ha ubicado siempre a las personas
con discapacidad en los estamentos inferiores de las
sociedades del Medioevo, del Renacimiento y de las Épocas
Moderna y Contemporánea. No había más horizonte que
la dependencia y el sometimiento.
El mismo autor mencionado
Puig de la Bellacasa, en su trabajo "Concepciones, paradigmas
y evolución de las mentalidades sobre discapacidad",
pasa revista a las diferentes y matizadas maneras de
cómo en distintas épocas, se ha visto y tratado la discapacidad.
Veamos:
El modelo tradicional
En algunas sociedades
de la Antigüedad, el destino de las personas con discapacidad
era la muerte. En la Esparta de Licurgo, las leyes permitían
el despeñamiento de los débiles y los deformes desde
el Monte Taigeto. En la Roma Imperial, mientras tanto,
la roca Tarpeia cumplía igual propósito con los niños
y los inválidos congénitos y ancianos. Tal sacrificio
selectivo encontró eco, en el presente siglo, en el
nazismo y sus cámaras de gas.
Con el advenimiento
del cristianismo, el rechazo social que podría llevar
a la persona deforme o "lisiada" al despeñadero de la
muerte, evoluciona hacia ciertas formas de redención.
Son convertidas en objetos de caridad, en tanto son
dolientes y pobres, portadoras de los males de la sociedad.
Consecuentemente, el destino de las personas con deficiencias,
que lograban sobrevivir y alcanzaban la adultez, era
la mendicidad, el asilo de la Iglesia, cuando no la
feria y el círculo de bufones.
Después del Renacimiento,
bajo la égida del absolutismo, los asilos pasan a manos
del Estado, surgen hospitales reales y se van creando
las condiciones, para que con la llegada de la Ilustración
y el Iusnaturalismo, se le asigne un nuevo puesto a
los pobres y a los "inútiles" (como también han sido
llamadas las personas con discapacidad): son convertidos
en sujetos de asistencia. "En contraposición –como senala
Puig de Bellacasa—a aquellos ciudadanos de pleno derecho,
que van logrando ser sujetos de derecho, primero y trabajadores
útiles con la Revolución Industrial."
En el siglo XIX,
el neopositivismo añadirá otro matiz a los enfoques
racionalistas de la centuria anterior: el sujeto de
asistencia se convierte, en múltiples casos, en sujeto
de estudio psico-médico-pedagógico.
Se ha pasado de un
orden natural de carácter religioso a un orden natural
identificado con el orden burgués. "Será a partir del
surgimiento de las ideas ilustradas y de las democracias
cuando las diferencias sociales, basadas en las diferencias
orgánico-funcionales, resulten paulatinamente más y
más chirriantes, y el desfase entre los "minusválidos",
mantenidos en minoría de edad, y los otros súbditos,
ascendidos a ciudadanos, trabajadores, consumidores
y, en definitiva, sujetos de derechos civiles personales
y colectivos, se haga más evidente. De este modo hubo
marginaciones sociales, económicas y políticas que se
iban paliando, mientras la marginación morfológica se
mantenía".
El racionalismo imperante
y la dignidad de las ideas liberales, permitieron la
supresión tanto de la inhumana práctica de la eliminación
física de las personas con deficiencias como el fijar
como horizonte único la sobrevivencia de estas personas
por medio de la caridad. El proceso histórico que posibilitó
tal cambio, permitió el tránsito del "inválido" como
sujeto de protección o tutela hasta convertirse, progresivamente,
en sujeto de previsión socio-sanitaria, a partir de
la aparición en escena de los sistemas de seguridad
social, dentro de los cuales la persona con discapacidad
"mantiene su status de menor de edad y, alcance los
años que alcance, no ejerce como adulto al no dar la
talla socio-productiva que se demanda".
De esta manera, los
esquemas asistenciales que se iniciaron en la Edad Media
con una asistencia de beneficencia y de caridad, practicada,
fundamentalmente, por la Iglesia, seguirán con la asistencia
como aspecto de orden público (siglos XVI y XVII), la
asistencia como derecho legal (siglos XIX y XX) y la
asistencia como seguridad social.
Todo este conjunto
de perspectivas en torno a la discapacidad se ubican
en lo que se conoce como modelo o paradigma tradicional.
Como se puede notar los elementos comunes son la marginación,
la discriminación, la dependencia y la subestimación
de las personas con discapacidad. Es decir, no son considerados
como sujetos con iguales derechos que el resto de las
personas que componen estas sociedades.
A excepción de los
pocos beneficiados con bienes de fortuna, la inmensa
mayoría de personas con discapacidad, a lo largo de
todos estos siglos, han estado condenados irremisiblemente
a la asunción del rol de marginal, pobre y atípico,
o de administrado, asistido, tutelado y hoy en día,
rehabilitado.
Es necesario aclarar,
antes de presentar, el paradigma de la rehabilitación,
que los diferentes matices y cambios de perspectiva
a la hora de enfocar a la discapacidad, no se han dado
en sucesión escalonada. Muchos resabios de este modelo
tradicional coexisten con componentes de modelos más
recientes. Un buen ejemplo de ello lo constituye los
teletones organizados en el país en la década anterior,
en los que se buscó obtener a través de la lástima,
la conmiseración y la caridad, los recursos que serían
utilizables en los programas de rehabilitación de las
personas con discapacidad.
El paradigma
de la rehabilitación
El paradigma de la
rehabilitación se insinúa en el período entre guerras
y se consolida después de la Segunda Guerra Mundial.
Este modelo parte
de que el problema se localiza en el individuo (la persona
con discapacidad), ya que es en su deficiencia (física,
mental o sensorial) y en su falta de destreza donde
se localiza, principalmente, el origen de sus dificultades.
Esto hace que se requiera la intervención profesional
de un conjunto de especialistas (el equipo rehabilitador:
médico, fisioterapeuta, terapeuta ocupacional, psicólogo,
trabajador social, etc.) que va a dar respuesta al problema
mediante el proceso de rehabilitación. En este esfuerzo,
los resultados se van a medir en términos del grado
de destrezas funcionales alcanzadas o recuperadas y
por la ubicación de la persona con discapacidad en un
empleo remunerado.
Estas son algunas
de las carácterísticas más comunes y relevantes del
modelo de la rehabilitación. Obviamente, dentro de este
paradigma que ha dominado el enfoque de la discapacidad,
en la segunda mitad de este siglo que ya finaliza, existen
variables, que están condicionadas por el pensamiento
de quiénes lo aplican y por las realidades particulares
dónde se aplica.
Es bueno subrayar
también que en las sociedades humanas de fin de milenio
–y la costarricense no constituye una excepción--, se
imbrican y coexisten simultáneamente, y se combinan
variantes y matices del modelo tradicional con variantes
y matices del modelo de la rehabilitación.
Coincidimos con Puig
de la Bellacasa, quien afirma que "El paradigma de la
rehabilitación es la superación lógica del modelo tradicional,
que saca las consecuencias de la ideología industrialista
y neopositivista y del enfoque del "minusválido" como
objeto de estudio, dentro de la dialéctica útil-inútil,
apto-no apto".
No obstante
sus límites, el paradigma de la rehabilitación ha significado
un importante paso de avance en el enfoque de la discapacidad
y ha prestado y sigue prestanto valiosos servicios a
muchas personas. Su aplicación ha significado mejorías
relativas en la calidad de vida de muchas personas con
discapacidad. Asimismo este modelo ha dejado su positiva
huella en los planteamientos de la Clasificación Internacional
de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías de la
Organización Mundial de la Salud (OMS).
 |
El
paradigma
de la autonomía personal
A inicios de
la década de los años setenta, surge en los Estados
Unidos, el movimiento del "independent living".
Este movimiento es un producto indirecto de la
guerra de Viet Nam. A diferencia de otras guerras
anteriores, las tropas estadounidenses regresaron
a su país derrotadas. Más de cincuenta mil soldados
estadounidenses murieron en esa península del
sudeste asiático y varias docenas de miles fueron
afectados física, sensorial o mentalmente. A su
discapacidad se les sumaba el estigma de ser "perdedores",
en una sociedad tan marcada por la competencia. |
La limitada estima
social hubo de ser compensada con la lucha por sus reivindicaciones
y derechos. Las películas "Regreso sin gloria" y "Nacido
el 4 de julio" son, particularmente, ilustrativas de
este período de la historia de ese país.
El entorno político
en el cual surge el mencionado movimiento es el de la
lucha de la población negra estadounidense por sus derechos
civiles y del auge del feminismo en esa sociedad.
Al caracterizar este
movimiento de personas con discapacidad que orientan
su rumbo a la autonomía personal, Puig de Bellacasa,
señala que "…surge de una desinstitucionalización desde
abajo, donde las propias personas con discapacidad tratan
de construir su propia autonomía", trazar los esquemas
y los límites de la integración que desean y obtener
una "normalización" no otorgada. De alguna forma los
programas que ellos mismos organizan, demandando los
servicios profesionales cuando los consideran necesarios,
tienen por fin la autodeterminación a todos los niveles;
algo así como el entrenamiento para la supervivencia
del individuo frente a una sociedad que tiende a recluir
y a proteger al adulto con discapacidad como si fuese
un niño sin capacidad para decidir".
En este paradigma
el enfoque del problema es completamente distinto del
modelo de la rehabilitación. No es la deficiencia y
la falta de destreza (la discapacidad del sujeto) el
núcleo del problema, ni el objetivo final que hay que
atacar, sino la situación de dependencia ante los demás.
El problema que se debe enfrentar se localiza en el
entorno y dentro de tal entorno se incluye al proceso
de rehabilitación, pues es aquí, donde, en múltiples
ocasiones, se produce o se desarrolla la dependencia.
Adolf D. Ratzka del
Instituto de Vida Independiente de Suecia nos brinda
una diáfana definición de este modelo: "Vida Independiente
es una filosofía y además un movimiento de personas
con discapacidades, que trabaja por la igualdad de oportunidades,
el respeto a sí mismo y la autodeterminación. Vida Independiente
no significa que no necesitemos a nadie o que queremos
vivir aislados. Vida Independiente significa que queremos
el mismo control y las mismas oportunidades en la vida
diaria que nuestros hermanos y hermanas, vecinos y amigos
que no tienen discapacidades y que asumen como un hecho.
Queremos crecer en nuestras familias, ir a la escuela
que escojamos, usar cualquier autobús, tener trabajos
acordes con nuestra educación y nuestras capacidades.
Más importante aún, necesitamos estar a cargo de nuestras
propias vidas, pensar y hablar por nosotros mismos".
Como se puede concluir
este paradigma demanda cambios muy profundos en el enfoque
de la discapacidad, en nuestra sociedad. Y, desde luego,
en la forma de asumirla las propias personas con discapacidad.
Se requieran cambios
legislativos para garantizar la igualdad de oportunidades
de las personas con discapacidad. La ley 7600, promulgada
hace cinco años, se ubica en esa perspectiva. Empero
su aplicación real y efectiva, está lejos de responder
satisfactoriamente a las expectativas y necesidades
de la población con discapacidad.
La prevalencia de
la visión subestimativa y discriminatoria de esta población,
en nuestro entorno social, es una poderosa limitante
para la aplicación de esta ley y cualquier otra que
se proponga y posibilite la equiparación de oportunidades.
Para que esa deseada
igualdad de oportunidades se materialice, es imprescindible
que haya un cambio de perspectiva profundo en el entorno
social, que elimine prejuicios, barreras mentales, ideológicas
y con ello, se empiecen a levantar todas las barreras,
que limitan o imposibilitan que tal igualdad se alcance.
El otro componente
que se necesita es la participación cada vez más protagónica
de las personas con discapacidad en las luchas, iniciativas
y esfuerzos en la defensa y promoción de sus derechos
humanos y en el mejoramiento sostenido de la calidad
de vida.
Cabe agregar aquí,
dentro de los propósitos del presente trabajo, que una
de las llaves maestras para la participación social
y la igualdad de oportunidades, especialmente, para
las personas con discapacidad ubicadas dentro de la
población económicamente activa, es tener acceso a un
empleo remunerado acorde con su capacitación y formación.
IV. Discapacidad y Trabajo en
Costa Rica hoy
En Costa Rica, históricamente
ha prevalecido esa perspectiva tradicional a la hora
de enfocar la discapacidad. La lástima y el tratamiento
de "pobrecito" y "pobrecita", han dominado la escena.
El ubicar a la persona con discapacidad como un enfermo
que siempre requerirá atención, o como persona menor
de edad aunque ya haya llegado a la edad adulta, lesiona
tanto la dignidad como los derechos de estas personas.
Incluso el modelo
de la rehabilitación ha estado muy marcado por esa perspectiva
tradicional. Esto ha contribuído a mantener una imagen
de las personas con discapacidad que no ayuda a su independencia,
ni al goce pleno de sus derechos como ser humano.
Un entorno físico
plagado de barreras, que constriñen o impiden el acceso
y la movilización y un entorno socio-cultural, saturado
de barreras, que impiden o limitan el acceso a la actividad
productiva, al empleo, a la vivienda, a la educación,
a la recreación, etc., son parte de la realidad cotidiana
que viven y sufren las personas con discapacidad. Tal
es el panorama que ha dominado y todavía domina el escenario
costarricense, en materia de discapacidad.
Es en la presente
década en que han empezado ha emerger otros enfoques,
cuya característica más relevante es que promueven la
igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad.
La aprobación de la Ley 7600 (de Igualdad de Oportunidades
de las Personas con Discapacidad), es un paso significativo
en esa dirección. Esta ley fue aprobada en 1996 y contó
con el voto unánime de los legisladores. Su reglamento
fue discutido y aprobado en 1998.
Empero lo reciente
de esa ley (hasta ahora se están empezando a formular
políticas concretas), el peso social que tienen los
enfoques subestimativos sustentados en imágenes incorrectas
de las personas con discapacidad y la no priorización
o limitación presupuestaria (en lo referente al Estado),
entre otras causas, han impedido avances más satisfactorios.
Esta realidad la
confirma la más reciente evaluación de la aplicación
de la ley 7600. En mayo de 1999, la Defensoría de los
Habitantes, el Consejo Nacional de Rehabilitación y
Educación Especial (CNREE) y la Federación Costarricense
de Organizaciones de Personas con Discapacidad, con
el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), organizaron el II Foro Nacional de
Evaluación del Cumplimiento de la Ley de Igualdad de
Oportunidades para la Personas con Discapacidad, el
cual se realizó un balance exhaustivo de la aplicación
de esta ley, contando con la participación de representantes
de organizaciones de personas con discapacidad, representantes
de instituciones del sector público involucradas con
la ley 7600 y algunos representantes del sector privado.
La conclusión generalizada
a partir de ese esfuerzo evaluativo, es que todavía
son muy pobres e insuficientes los avances y resultados
en la aplicación de la ley de igualdad de oportunidades
de las personas con discapacidad. Persiste un trecho
enorme entre la letra y espíritu de la ley y su aplicación
práctica y efectiva en todos los aspectos que contempla.
En el capítulo dedicado
al derecho al trabajo, la situación es dramática: no
se ha alcanzado avance alguno. Esta conclusión es muy
importante en virtud que el acceso al trabajo y a la
actividad productiva, es fundamental para afirmar la
independencia de la persona con discapacidad.
El Informe Anual
1998-1999 de la Defensoría de los Habitantes, al abordar
el tema del acceso al trabajo de la población con discapacidad,
señala: "Según la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples
de 1998, la población económicamente activa (PEA) con
discapacidad suma 254.810 personas, de las cuales 92.532
están ocupadas y 162.278 se encuentran inactivas. El
porcentaje de personas con discapacidad inactivas equivale
a un 63, 7 %. De este dato se deben sustraer una
serie de grupos como es el caso de las personas que
por la gravedad de su deficiencia física, psíquica o
sensorial no pueden incorporarse a las actividades productivas,
variable que incide en ese porcentaje y que no es reflejado
en esta encuesta. Sin embargo, aún así evidencia un
número importante de personas con discapacidad sin ocupación
tomando en consideración que el desempleo abierto en
Costa Rica es de un 5,4%.
Tomado de CODEHUCA
www.codehuca.or.cr/main.htm |